jueves, 15 de octubre de 2015

El estado soy yo y tu.

La seguridad ciudadana es y será una bandera para la agitación ramplona y la verborrea de opinólogos. Todas las administraciones públicas y propuestas electoreras sitúan su derrotero en ella, pero una ligera revisión de la historia muestrauna clara constante: el Estado moderno per se, en más de 400 años de existencia, ha sido deficiente en este sentido y de seguir con los mismos mecanismos lo seguirá siendo. Centurias de conformismosolo nos llevan a aplicar algo: Think different. Piensa diferente. A ver, ¿Dónde yace el yerro? Pues en negar nuestra responsabilidad en la inseguridad que nos asola y cunde. No es el Estado en solitario el culpable, porque exigirle a alguien que en un día logre lo que en 400 años no ha cometido, es más que estúpido, es macabro. Por tanto el delegado como los delegantes han de coadyuvar a proponer y ejecutar acciones específicas. Desde luego que los mecanismos varían, aunque solo la desesperacióimpelería a un pueblo a autorizar a todos sus habitantes el portar armas con subsecuentes y no poco frecuentes casos de matanzas en espacios públicos, como es el caso norteamericanoChevre, entonces no los matemos, solo linchémoslos. Ora somos imbéciles y genocidas, ora somos imbéciles e ingenuosPor ende la respuesta a la seguridad requiere políticas más complejas y yuxtapuestas en función a mejoras interesectoriales de la educación, trabajo, orden y limpieza, políticas penitenciarias efectivas, etc. Y ahí el Estado no puede solo porque el Estado soy yo, sí, yo y tú también.

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