lunes, 5 de octubre de 2015

isla de Elba



Camino por las calles de Trujillo y ya en la plaza de armas un descuidista me tasa, observando mi maleta olvidada en el suelo, mientras tomo una foto a una familia de turistas. Bueno, si la urbe es hostil y el campo aún lejano ¿dónde ir? Tal vez un parque de Lima. Entonces el frescor vespertino anuncia mayestáticos árboles entre tanto cemento improvisado. Pero peor, salgo trasquilado por un par de sujetos con el caramelo más caro de la historia a tres soles. Entonces migraré a unos campos elíseos privados, donde lo verde sea regado con surtidores automáticos y todos me traten con gran y auténtica amabilidad: un hotel de Paracas. Pero termino yaciendo en sala de emergencias ¿la causa? un soponcio producto de una canalla boleta ticket por una copa de agua de dieciséis soles. Todo parece perdido pero ¡eureka! Ya sé, hogar dulce hogar y a la hora de la cena (eso de que el susto quita el hambre no es verdad) quiero escoger un restaurant en Ica.  Googleo y me doy con la noticia que en solo una semana dos restaurants han sido asaltados junto a sus comensales. Finalmente me doy cuenta que no puedo salir. Hogar, dulce, hogar. Lego todo el mundo a los facinerosos y me quedo con mi casa, mi hogar, mi isla de Elba. ¡Allá ellos! Aunque ahora recuerdo que hace poco hubo dos balaceras frente a la casa de una amiga en Fonavi San Martín y la policía no hizo nada. Así que mejor morir en mi ley. Sí, mejor salgo. Pero va a jugar Perú. Pido comida por teléfono.




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