Había en Lima en el distrito de Miraflores una de las tantas huacas desperdigadas por la metrópoli. Esta era la Huaca Pucllana. Utilizada como botadero, destruida como rampa de motocross, era un triste testimonio de que aún en el distrito más cosmopolita de todo el Perú el estado estaba presente pero silente.
Ante esto unos cuantos funcionarios públicos y empresarios quisieron proteger estos recintos mediante las buenas prácticas aplicadas en países con gran riqueza arqueológica comparable a la del Perú como Colombia y México. Esto, mediante una alianza estratégica extraordinaria entre el sector público y privado: las asociaciones público privadas - APPs.
Así mediante un acuerdo específico en responsabilidades y beneficios referente al Estado y al sector privado, se dio lugar a la concesión de un restaurante en la Huaca Pucllana. Años después podemos ver con satisfacción los resultados. Producto del porcentaje de los ingresos obtenidos por el negocio no sólo se protegió el lugar sino que se construyó un museo de sitio, además de seguir realizando las excavaciones y sirviendo el fondo para el mantenimiento de las ruinas y otros servicios, que aún con el boletaje de los turistas era imposible de cubrir. Su puesta en valor gracias a la supervisión del sector público y la visión del sector privado logró salvar este patrimonio, además de difundirlo y acrecentar su fama.
Por ello observamos con beneplácito la modificatoria a la Ley General del Patrimonio Cultural de la nación Nro. 28296 dada hace algunos días, que establece que desde ahora los monumentos arqueológicos podrán ser administrados tanto por el sector público como, y aquí viene la acotación, privado. Administrados y no privatizados, aclaramos. Así el milagro de Pucllana hace ver que el pragmatismo empresarial y la tradición milenaria pueden subsistir como lo hacen nuestras huacas y patrimonios en todo el país.
Exitosa, 30/09/15
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